THE DARK FLOWERS: Radioland (Lojinx 2013)

14/3/13
Imagínate que eres Paul Statham. Imagínate que estás enfrascado en la lectura de las imprescindibles Motel Chronicles de Mr. Sam Shepard y que decides que te apetece ponerles “banda sonora”, te sientes inspirado a hacer un disco conceptual que de alguna manera refleje todo lo que te suscita dicha obra. Pero ponte en situación si no, es imposible. Repito, eres Paul Statham. Tienes una carrera a tus espaldas. Has sido mano derecha de Peter Murphy (entre Love Hysteria y Cascade, de 1988 a 1995, un porrón de años, los mejores del señor Murphy en solitario aunque luego hayan mantenido tanto amistad como cooperación), has colaborado -en diferentes grados, pero la mayor parte de las veces, teniendo un peso más que importante- con artistas de todo pelaje (Dido, Natalie Imbruglia, Sarah Brightman, Kylie Minogue, … largo etcétera), has sido, que diantres, ¡guitarrista en B-Movie! Imagínate, de nuevo, que estás dándole vueltas al proyecto y decides llamar a un puñado de amigos con los que ya has tocado o compuesto música anteriormente para darle forma final. Tiras de agenda y te encuentras grabando canciones con gente como el propio Peter, Shelly Poole (ex-Alisha's Attic), la noruega Kate Havnevik, Catherine AD, la misteriosa Helicopter Girl, Dot Allison (Massive Attack), Charity Hair o un tal Jim Kerr. ¿Supergrupo? No lo creo. Ponerle voz a sentimientos inspirados por la literatura. Dotar de matices, texturas, sonidos, a lo que solo los tiene en la cabeza del lector. Darle empaque, otra mirada, otra percepción. Una arista artística distinta. E igual de importante en un momento dado.

Pero sigamos elucubrando. Suponte que eres Statham. Ya has reclutado a unos cuantos artistas, has compuesto una docena de temas (todavía seguramente no terminados). Le has dado nombre al proyecto, incluso. Se llamará The Dark Flowers, en una doble referencia clarísima. ¿El disco? Radioland. Estamos en 2009. Decides que de la instrumentación te ocupas tú. De TODA la instrumentación y de los arreglos. Y eso supone ocuparse de banjo, guitarras, arreglos orquestales… y teclados claro. Lógicamente, si supones todo lo anterior (échale imaginación) y si cuentas con quien ha contado este tipo, el resultado ha de ser bueno. Muy bueno. Indiscutible cada uno de los cooperadores elegidos, indiscutible la capacidad de Pablo para la composición e interpretación. Claro, el estilo se ajusta un tanto a lo que era de esperar. Radioland está lleno de medios tiempos, de voces perfectas, dulces, embriagadoras. Está lleno de “facilidad” para la escucha. Oscuridad poquita, eso sí, hay más en el nombre del proyecto que en todo el disco. Personalidad mucha, la que corresponde. Sobre todo porque cada quién es quien es. Sin doblez ni experimentación alguna. Cada uno aporta lo que ya ha aportado cien mil veces, cada uno ha venido a traer lo que sabe hacer. No adapta su estilo al global, presta y entrega lo que motivó el haber sido citado.

¿Problemas? ¿Objeciones? Así de primeras… el disco se escucha como ya he dicho fácilmente, es de digestión sencilla. No es para nada un estilo que frecuente y me termina agotando un poco, probablemente por una pura cuestión de gusto personal pero reconozco que está todo muy bien hecho. Incluso, a veces, demasiado bien hecho. Radioland es un disco triste y bonito a partes iguales. Tranquilo, muy tranquilo, lo que te llegue depende mucho de lo que sean capaces de transmitirte con las voces, sensiblemente más trascendentes que la parte instrumental. No es que ésta esté de más, en absoluto. La instrumentación es primordial para entender todo el proyecto; simplemente se pone al servicio de las cualidades vocales, que siendo las que son… poco más se puede decir. En definitiva, un disco luminoso a ratos, triste otros. Como Kerr, como Murphy, como las féminas elegidas, como el propio Statham. Sencillo de planteamientos pero rico en matices. Alejado de lo que solemos comentar en estas páginas, pero oye, no todo va a ser épica y guitarrazos, ¿no?